mi d.Espacio

miércoles, noviembre 08, 2006

NUNCA LLUEVE A GUSTO DE "NADIE"

Todos conocemos el dicho: "nunca llueve a gusto de todos"
Y nunca fue tan cierto como ahora...

Todos sabeis... (y si no lo sabeis ya lo digo yo)... que soy un poco raro. A todo el mundo les encantan los días de sol. Es más, hasta en la información del tiempo se suele asociar un buen día o el buen tiempo con un día soleado donde las nubes se levantan y los pajarillos cantan... Pero para mi no... me encantan los días de lluvias, el frío y las tormentas (como ahora)...

Pero no es a eso a lo que yo me refería con lo de nunca llueve a gusto de "nadie"... En realidad me refiero a la sensación que las personas con un mínimo de intelecto obtienen de ver las noticias en la TV.

Y es que cuando había sequía estabamos loquitos por que lloviera. Pantanos bajo mínimos, cosechas arruinadas y ahora que por fin llueve, de repente de un día para otro los pantanos se desbordan, las cosechas se siguen arruinando, se inundan negocios y parece que todo es peor...

Nunca parecemos contentos (según la TV), es más, si nos guiamos por lo que dice la TV, todo va fatal. Siempre son noticias negativas, (y cada vez más) y nunca se ve a nadie contento y siempre parece que buscan la opinión del que se queja. Todo muy catastrofista, pesimista y apocalíptico...

Para mi que, o no había tanta sequía o no nos sobra tanta agua... pero como siempre, el hombre de a pie sabe que lo que dice la TV "va a misa" y que todo lo que en ella se dice tiene un rigor científico. Es más, si la TV dijera que no evolucionamos del mono, seguro que acabaríamos convencidos de ello.

Y es que cada día más me doy cuenta que todo es una patraña, que en el país que vivimos nos gusta quejarnos de todo, automedicarnos y opinar de lo que no tenemos ni puñetera idea (y yo no iba a ser menos).


Por lo menos, ya llegaron las lluvias, el olor a tierra mojada, el frio que despierta mis sentidos y los nubarrones que lo vuelven todo mucho más acogedor y oscuro... que bien se está en la camita calentito con la manta echada, relajado escuchando la lluviar de caer, y que de vez en cuanto un trueno capte tu atención cuando te estás durmiendo para recordarte lo vulnerable e insignificante que eres.